martes, 25 de noviembre de 2014

De cine

Puedes levantarte de la cama o no. Hacer de tu vida una gran obra como hace Quentin Tarantino o vivir en la rutina.

Nos enamoramos del sufrimiento como hicieron Ryan Gosling y Rachel McAdams en el Diario de Noa  y saltamos al vacío.

Aunque a nosotros ya no nos quede París, ni tampoco cama donde no echarnos de menos, tenemos la banda sonora de aquella interminable pero a la vez efímera noche de verano que Hans Zimmer parecía que había compuesto para nosotros.

Que nuestro final era inevitable como la muerte de Kidman en Moulin Rouge, solo que para nosotros nunca quedaran aplausos. 
Quedaran balas especialistas en atravesar ilusiones.

Como si esto fuera Misión Imposible, si tenemos en cuenta que lo imposible es que 
podamos estar juntos. 

Y aunque Angelina nos enseñó que Amar Peligrosamente era muy doloroso, nosotros fuimos de cabeza.

A pesar de todo, creímos que tendríamos nuestro final feliz. 

Porque la teoría dice que los buenos siempre ganan. Empiezo a pensar que quizá nunca fuimos tan buenos.

No tuvimos ese beso que te deja la sonrisa tatuada y los ojos empañados.

Fuimos esa película de final insuperable. 
Sublime.


Final de todas formas.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Kilómetros

"Sácame de esta vida que me está matando"

Y así fue como cada noche creábamos nuestro mundo.
Escapábamos de las tinieblas para ser libres.
Y lo fuimos.

Y vimos amanecer en la costa gallega y atardecíamos en Barna.
El abrigo mañanero en Asturias y las cañas de mediodía en una bareto madrileño.

Porque queríamos escapar y así lo hicimos.

Aparcabas tu pequeño y acogedor coche en cualquier mirador y ponías la música bien alta para que nada nos hiciera justicia, te subías al capó y gritabas tan fuerte que las montañas se acojonaban mientras que los ríos cambiaban de dirección para no encontrarse contigo.

Que era la chica que decidía en un mar donde todos la buscan a ella.

Y todas las noches, una habitación se convertía en la copa de un árbol que trepábamos para ver los rascacielos desde arriba, mientras las nubes nos rodeaban y una lista con las mejores canciones de nuestra vida hacia de banda sonora.

Porque estaríamos donde quisiéramos estar, porque tu sabias hacer esas cosas y yo me limitaba a mirarte, disfrutar y dejarme llevar.

A ser infinita contigo y tu conmigo.

Deseando que llegase la noche siguiente y me dijeses:

"Sácame de esta vida que me está matando"

viernes, 31 de octubre de 2014

Quizá


Yo casi iba a hacer muchas cosas:

Casi estudie publicidad.
Casi hice segundo de psicología.
Casi me volví loca con las teorías de Freud sobre la neurosis.
Casi monte un grupo de música con mis colegas.
Casi hice arquitectura.
Mi padre evito el error.
Casi te como la boca el otro día.
Casi me partí la cara por amor.
Eso no es del todo cierto.
Me partieron entera por amor.
Casi siempre me quedo con las ganas.
Las ganas de todo
Casi no bajo aquel día.
Menos mal que lo hice.
Casi me devoraron los nervios la primera vez que recite.
Casi se me quedo la sonrisa tatuada después de aquello.
Casi podría haber hecho tantas cosas que es mas larga mi lista de pasos atrás que la de saltos al vacío.

¿Y si nos dejamos de "casi" y simplemente lo hacemos?
Olvidemonos de los errores. 
Que tan solo sea un paso algo mas complicado. 
Celebremos las victorias y reflexionemos los fracasos.

Te propongo que dejemos de comernos la cabeza, y nos comamos otras cosas...
La boca, la vida o lo que se te ocurra.

No quiero arrepentirme mas por no echarle cojones.
Me arrepentiré de cualquier otra cosa.
Pero no de ser cobarde.

viernes, 19 de septiembre de 2014

Instante

2 de la mañana. Caminaba por la noche con el peso del día a mis espaldas.
Mientras tanto, el viento jugaba con la soledad a mí alrededor, y yo no sabía  si temblaba por la ausencia o por el frío.
Una noche más, sentada en el lugar de siempre, sin prisa. La música sonaba, se deslizaba entre las hojas, las ramas, mis oídos y el dichoso humo de mi cigarro, que como siempre, ascendía con esa forma serpenteante que me parecía tan divertida.
Como cada noche, por la luz de la misma farola, mi sombra se arrojaba sobre las baldosas, el viento soplaba y yo fumaba. Bebo Valdes pulsaba las teclas de su piano y le ponía banda sonora al momento. Él sabia captar la emoción de un instante.
Y a eso me dedicaba yo, a sentarme, escuchar y fumar. A estar allí, solo en ese lugar, dejando que las notas inundasen mi cabeza disipando la niebla del día.
Ese momento era para mí, y nada se movía excepto el humo que continuaba en su tarea.
Una calada, echaba el humo relajada en mi intento fallido por hacer de él un espectáculo.
La música se acaba y con ella la instantánea. Cada canción es un mundo y un sentimiento, y esta noche estaba todo dicho.

Vámonos a casa, que la soledad gana al viento y necesito calor, que la ausencia me congela y la música ya no suena. 

lunes, 1 de septiembre de 2014

Catarsis



Propósitos de verano que por supuesto no he cumplido:

No pinté el techo del baño, ni tampoco ningún cuadro y mucho menos mi vida,
que sigue en ese tono azul inesperado, azul ''cielo que quiere llover''.

viernes, 22 de agosto de 2014

Fantasmas

¿Qué haceis aquí otra vez?
Que se marchen los fantasmas del pasado.
Aunque quizá pida demasiado.
Son tan caprichosos: vienen y van, desaparecen entre las tinieblas de las que nunca debieron salir.
Pero vuelven, y traen consigo la duda, las lágrimas, los "quizá"...

Una bola que se anuda en la garganta, matando el aire.
Y mientras que los pulmones pierden fuerza y el corazón bombea cada vez mas lento, las sombras te envuelven la cabeza y los pensamientos golpean queriendo salir.

¡Qué se partan las paredes y se abran las cabezas!
¡Qué se escapen las ideas y vuelen libres para que otros pueden verlas!

Esa libertad despeja las tinieblas.
El aire vuelve.
Los pulmones respiran.
El corazón bombea.
                          
                                  Hasta la próxima.

sábado, 16 de agosto de 2014

Muerde

Dejar que sangre el alma.
Crear.
Explotar las emociones.
Descríbelo.

Generar una realidad, no la realidad, lo que tu sientas. Tu realidad.

Arráncame el corazón, aplástalo, hazme sufrir. El sufrimiento como sentimiento mas sincero. Una lagrima como un reflejo, un espejo de experiencia.

martes, 5 de agosto de 2014

Olvido

Dispare recuerdos a la cabeza que me destruían el corazón.

Recuerdos buenos.
Los respiro, sonrió. Vuelvo a ese momento y lo hago hogar. Me pierdo en risas, abrazos, quizá algún beso. Me quedo ahí.

Llega la destrucción, aparece a lo lejos, al principio imperceptible pero cada vez mas cerca, y yo la miro como se miran esas cosas que sabemos que nos van a hacer daño.
Pero aun así me acerco. Curioseo. Quiero saber porque a vuelto. Porque simplemente no se quedo en las sombras a las que pertenece.
Me golpea.
Vuelve para hacerme entender que el final de la historia no fue el hogar sino desastre.

Y yo, tumbada en el dolor una vez mas, haciendo el esfuerzo por salir, ignorando que esta a mi lado a ver si a así, se cansa y desaparece.


Pero los recuerdos siempre están en nuestro corazón, sean hogar, lagrima o desastre.

sábado, 21 de junio de 2014

Lo que soy o lo que nunca fui

Perdí las noches y los días.
El café por la mañana.
La pereza de despertarme.
Las ganas de llegar pero también las de irme.
Perdí aquellas palabras que nunca me había atrevido a decir.
La inseguridad.
Las ganas de intentarlo, después de una larga, tonta y absurda lista de intentos fallidos.
Perdí la agenda y con ella lo que tenía que hacer.
El tiempo y el norte.
La autodestrucción.
El desorden.
Perdí las metas, ya no tenía claro donde quería ir. Tampoco me preocupaba.
Perdí la cabeza.
El vacio y con él la caída.
Los pensamientos tóxicos.
El estrés y los agobios.
Deje ir sus ojos, su boca, sus pasos, las manos, la cintura… guarde sus palabras y sus gestos donde nadie los encontrase jamás. Ni siquiera yo misma.



Perdí la gran mayoría de las cosas que componían mi día a día y no me importaba. Realmente estaba teniendo el valor para deshacerme de las cosas que ya no quería para mi vida pero, que sin saber cómo, seguían ahí.

Decidí centrarme en lo que de verdad merecía la pena.
Y fue la mejor decisión de mi vida.

sábado, 10 de mayo de 2014

Respiro

Tienes problemas, como los tengo yo.

Y te gusta hacer de un grano de arena una infinita montaña de tristeza, como hago yo.

Que te gusta quedarte ahí, sufriendo, pensándolo mil veces y autodestruyéndote, intentando llegar a entender porque lo hiciste o porque no, como, una y otra vez, hago yo.

Pero a veces, y cuando creemos que la vida ya no puede ser más puta, nos da respiros. Y estos respiros, como las oportunidades, hay que saber aprovecharlos.

Quizá este sea tu respiro, quizá puede salir mal… o tal vez no. Pero ya te digo que si nunca te arriesgas a respirar, que si no lo intentas, no lo vas a saber. Deja de comerte el coco. Sé que es difícil porque yo también lo hago. Que yo también me rompo los recuerdos, para luego, llorando, volverlos a recomponer.

No dejes escapar los respiros porque es de lo que vivimos.

Esos momentos de claridad que a veces aparecen entre la puta y constante niebla que son nuestras cabezas.

martes, 4 de marzo de 2014

Una maldita casualidad

Me contaron una vez que si al mirar la hora te la encuentras capicúa o con ambas cifras iguales, tenía que ver con que alguien está pensando en ti o echándote de menos.
Es mi favorita, mi maldita casualidad favorita.
Yo soy de esas idiotas que le gusta pensar que esas casualidades son verdad. Supongo que a todos nos gusta pensar que alguien se acuerda de nosotros o que en algún lugar nos están echando de menos.
Seamos realistas, no son más que mentiras, por si no había quedado claro ya.
Por lo general me paso el día mirando la hora, y por más que de la bonita pero absurda casualidad de encontrarme con este  fenómeno, nadie está pensando en mi.
Supongo que nunca fui tan necesaria, ni merecía tanto la pena. Es triste, muy triste que este diciendo todo esto, pero las palabras se escapan solas.
No fui nada, aunque me gustase pensar que si. Tú lo has hecho muy bien porque cada día me lo dejas más claro.

El problema se encuentra en que a pesar de todo esto, sigues apostando, creyendo y convenciéndote de que puede salir bien. Entonces vuelves a mirar el reloj y ahí está, es maldita casualidad.

sábado, 1 de marzo de 2014

Aprendí mirándola

Yo aprendí mirándola.

De qué manera daba un paso tras otro a la hora de caminar, decidida, como si no hubiese nada que pudiera derribarla. Sus manos expresaban al hablar las cosas que ella ya no alcanzaba a decir. Me aprendí su diccionario de miradas, para saber en cada momento lo que necesitaba. Supe que la hacía feliz y que la ahogaba, con que reía hasta no poder respirar y que situaciones la encogían tanto el corazón hasta no poder moverse. Viví arropada en su cariño, en su abrazo. Moría en su ausencia y resucitaba con ella.

Yo la miraba y aprendía, y nunca deje de hacerlo. Me encantaba mirarla. Pero cuando te fuiste tuve que volver a aprender a hacerlo todo, reconstruir mi vida sin ti. Eras todas mis razones y mis motivos y al desaparecer, yo no sabía a que agarrarme. Caí en un vacio del que me costó mucho tiempo salir.

Hoy he pensado en ti. Hacia tanto que no lo hacía que ya no recordaba que aun en ocasiones te echo de menos, que una parte de mi te sigue llamando a gritos, un grito mudo que jamás vas a escuchar. Que después de tantos años puedes seguir siendo mi inspiración. Seguir formando parte de mis conversaciones como un bello pero amargo recuerdo. No me gusta hablar de ti. Siempre hablo de lo increíble que fue todo, pero son los errores los que se quedan en mi cabeza, torturándome.


La gente no comprende porque me gusta la lluvia. Me gusta porque la lluvia eres tú. Cada gota, cada minúscula gota que cae del cielo, siempre será para ti.

martes, 25 de febrero de 2014

Introducción al caos

Hablemos de sonrisas.
De una sonrisa.
Tu sonrisa.
La que arregla hasta el peor de los días. Por la que seguiría hacia delante aunque se acabase el camino. Esa, una de tus curvas por las que me partiría la cara. La mejor de las recompensas.
Reconozco que en el momento en que se cruzo con mi mirada, se acabaron los inviernos.
Era incluso más tonta cuando tú estabas delante, los planes más locos y absurdos me saltaban en la cabeza como las palomitas en el microondas. De mi boca solo salían estupideces mientras me escuchabas, por un solo motivo: te hacían sonreír.

Y es que… ¿Quién no haría lo que fuera por una sonrisa?

domingo, 23 de febrero de 2014

No quiero saber nada

Se escucha el eco de palabras que nunca debieron ser pronunciadas. Calla, ya no quiero saber nada. El ruido retumba en mi cabeza como un fuerte viento sobre un delicado cristal. Escuche todo lo que tenias que decirme sin oportunidad de defenderme. Calla, ya no quiero saber nada. Quise hablar pero no conseguía articular más que pequeños sonidos sin sentido que nadie lograría entender. Después de que la idea se balancease por mi cabeza como una hoja deslizándose hacia el suelo en pleno otoño, llegue a la idea de que no era necesario hablar, no ibas a creer ninguna de las palabras que dijera, fuera la que fuese. Calla, ya no quiero saber nada. Cuando las palabras sobran y no que faltan, nada bueno puede estar por venir. Miradas fuera del sentido más agradable, miradas que si arrancasen vidas ya estaríamos más que vacías, miradas que fulminan y que lo dicen todo antes del primer parpadeo. Calla, ya no quiero saber nada. La situación es extrema, y mi piel se congela como si la sangre dejara de circular. Ni siquiera me diste el margen de la duda. No me preocupa. Cuando una conciencia está tranquila, todo tu mundo puede seguir hacia delante. A veces recuerdas lo que era, pero, esa imagen tan rápido como vino se va, y todo vuelve a la normalidad. Calla, ya no quiero saber nada. No era ni la más remota de mis intenciones hablar sobre todo esto, supongo que las palabras me llevaron hasta aquí, ellas, inteligentes, sacan de ti hasta lo que no sabías que existía, todo aquello que creías olvidado en el rincón más apartado, solo hay que dejar que actúen, y poco a poco, descubrirás que no estaba tan olvidado, que realmente te sigue latiendo, que verdaderamente sucedió. Calla, ya no quiero saber nada. Y como no quiero saberlo, ni escucharte, ni leer esas indirectas absurdas y las veces que te das por aludida cuando no deberías hacerlo porque date cuenta, tu y solo tú has hecho que pases de ser el centro de mi mundo a no ser nada, y como no lo requiero, calla, ya no quiero saber nada. Si tu no me dejaste hablar, no voy a dejar que tu lo hagas ahora, mis oídos, cansados de escuchar acusaciones y opiniones que les dan igual, quieren descansar. Mi mente, agotada de pensar y buscar soluciones, quiere frenar y dejar de preocuparse por cosas que no merecen la pena y que jamás se preocuparan por ella. Mi corazón, cansado de latir en vano, de querer ser el mejor solo para ti, de cambiar y vivir solo para ti, de ataviarse de los mejores colores hasta en los días más tristes solo para ti, quiere respirar y dejar de ocuparse por situaciones y sentimientos que por mucho que se empeñe no le corresponden. Calla, ya no quiero saber nada. Tus acusaciones ya no me duelen. Supongo que será que se lo que hice y se cual es la verdad, o que quizá crecí y por fin me hice fuerte ante las falsas recriminaciones, o que simplemente se termino y me di cuenta de que no era por ello, el fin del mundo. Calla, ya no quiero saber nada. Ni ahora, ni luego, ni  mañana, ni dentro de días o semanas, nada. Perdí tanto, que ya solo me quedaba ganar. Puedes venir a por mí cuando quieras, ya no me derribaras como lo hacías antes, o me desarmaras con la facilidad del pasado. Calla, esto ha terminado.