Puedes
levantarte de la cama o no. Hacer de tu vida una gran obra como hace Quentin
Tarantino o vivir en la rutina.
Nos enamoramos del sufrimiento como hicieron Ryan Gosling y Rachel McAdams en el Diario de Noa y saltamos al vacío.
Aunque a nosotros ya no nos quede París, ni tampoco cama donde no echarnos de menos, tenemos la banda sonora de aquella interminable pero a la vez efímera noche de verano que Hans Zimmer parecía que había compuesto para nosotros.
Que nuestro final era inevitable como la muerte de Kidman en Moulin Rouge, solo que para nosotros nunca quedaran aplausos.
Quedaran balas
especialistas en atravesar ilusiones.
Como si esto fuera Misión Imposible, si tenemos en cuenta que lo imposible es que
podamos estar
juntos.
Y aunque Angelina nos enseñó que Amar Peligrosamente era muy doloroso, nosotros fuimos de cabeza.
A pesar de todo, creímos que tendríamos nuestro final feliz.
Porque la teoría dice que los buenos siempre ganan. Empiezo a pensar que quizá nunca fuimos tan buenos.
No tuvimos ese beso que te deja la sonrisa tatuada y los ojos empañados.
Fuimos esa película de final insuperable.
Sublime.
Final de todas formas.
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