Tienes problemas, como los tengo yo.
Y te gusta
hacer de un grano de arena una infinita montaña de tristeza, como hago yo.
Que te
gusta quedarte ahí, sufriendo, pensándolo mil veces y autodestruyéndote, intentando
llegar a entender porque lo hiciste o porque no, como, una y otra vez, hago yo.
Pero a
veces, y cuando creemos que la vida ya no puede ser más puta, nos da respiros. Y
estos respiros, como las oportunidades, hay que saber aprovecharlos.
Quizá este
sea tu respiro, quizá puede salir mal… o tal vez no. Pero ya te digo que si
nunca te arriesgas a respirar, que si no lo intentas, no lo vas a saber. Deja de comerte el coco. Sé
que es difícil porque yo también lo hago. Que yo también me rompo los
recuerdos, para luego, llorando, volverlos a recomponer.
No dejes
escapar los respiros porque es de lo que vivimos.
Esos
momentos de claridad que a veces aparecen entre la puta y constante niebla que
son nuestras cabezas.