miércoles, 18 de marzo de 2015

Incoherencia

No puedo dormir.
Cierro los ojos y el mundo me abrasa.
Muérdeme el corazón, 
y arráncamelo.
Destrúyeme, empújame a la inmensidad
y luego
niégalo
todo.

Quiero sentir y poder gritar.
Y no quiero ojos que me juzguen.
Necesito manos que me salven.

Es importante lo de sentirse a salvo, ¿no crees?

Cada pensamiento es como un puñetazo directo a las costillas 
que desgarra cada esquina de mi cuerpo.
Y el calor no existe.
Habita el frío.
Quiere vivir y yo me dejo ocupar.
Al fin y al cabo el frío también abraza.
El miedo también envuelve.
La incertidumbre también congela.

Acurrucarte en la oscuridad es como asumir no saber que va a pasar e intentar sobrevivir.
Sobrevivir.
Como si después de eso quedase algo que salvar.

Ya no me explico cuando escribo.
No consigo explotar cuando me enfrento al papel.
Las palabras se estrellan contra mis labios 
y no sé traducirlas.
No puedo crear porque no me descifro.
Desconozco lo que digo y lo que pienso.

Eres una desconocida.

¿Cuándo dejé de mirarme a los ojos y me perdí?
¿Cuándo decidí que no decidir seria una buena opción?
¿Cuándo creí que no afrontar las cosas era una solución?