Se escucha el eco de palabras que nunca debieron ser
pronunciadas. Calla, ya no quiero saber nada. El ruido retumba en mi cabeza
como un fuerte viento sobre un delicado cristal. Escuche todo lo que tenias que
decirme sin oportunidad de defenderme. Calla, ya no quiero saber nada. Quise
hablar pero no conseguía articular más que pequeños sonidos sin sentido que
nadie lograría entender. Después de que la idea se balancease por mi cabeza
como una hoja deslizándose hacia el suelo en pleno otoño, llegue a la idea de
que no era necesario hablar, no ibas a creer ninguna de las palabras que
dijera, fuera la que fuese. Calla, ya no quiero saber nada. Cuando las palabras
sobran y no que faltan, nada bueno puede estar por venir. Miradas fuera del
sentido más agradable, miradas que si arrancasen vidas ya estaríamos más que
vacías, miradas que fulminan y que lo dicen todo antes del primer parpadeo.
Calla, ya no quiero saber nada. La situación es extrema, y mi piel se congela
como si la sangre dejara de circular. Ni siquiera me diste el margen de la
duda. No me preocupa. Cuando una conciencia está tranquila, todo tu mundo puede
seguir hacia delante. A veces recuerdas lo que era, pero, esa imagen tan rápido
como vino se va, y todo vuelve a la normalidad. Calla, ya no quiero saber nada.
No era ni la más remota de mis intenciones hablar sobre todo esto, supongo que
las palabras me llevaron hasta aquí, ellas, inteligentes, sacan de ti hasta lo
que no sabías que existía, todo aquello que creías olvidado en el rincón más
apartado, solo hay que dejar que actúen, y poco a poco, descubrirás que no
estaba tan olvidado, que realmente te sigue latiendo, que verdaderamente
sucedió. Calla, ya no quiero saber nada. Y como no quiero saberlo, ni
escucharte, ni leer esas indirectas absurdas y las veces que te das por aludida
cuando no deberías hacerlo porque date cuenta, tu y solo tú has hecho que pases
de ser el centro de mi mundo a no ser nada, y como no lo requiero, calla, ya no
quiero saber nada. Si tu no me dejaste hablar, no voy a dejar que tu lo hagas
ahora, mis oídos, cansados de escuchar acusaciones y opiniones que les dan
igual, quieren descansar. Mi mente, agotada de pensar y buscar soluciones,
quiere frenar y dejar de preocuparse por cosas que no merecen la pena y que
jamás se preocuparan por ella. Mi corazón, cansado de latir en vano, de querer
ser el mejor solo para ti, de cambiar y vivir solo para ti, de ataviarse de los
mejores colores hasta en los días más tristes solo para ti, quiere respirar y
dejar de ocuparse por situaciones y sentimientos que por mucho que se empeñe no
le corresponden. Calla, ya no quiero saber nada. Tus acusaciones ya no me
duelen. Supongo que será que se lo que hice y se cual es la verdad, o que quizá
crecí y por fin me hice fuerte ante las falsas recriminaciones, o que
simplemente se termino y me di cuenta de que no era por ello, el fin del mundo.
Calla, ya no quiero saber nada. Ni ahora, ni luego, ni mañana, ni dentro de días o semanas, nada.
Perdí tanto, que ya solo me quedaba ganar. Puedes venir a por mí cuando
quieras, ya no me derribaras como lo hacías antes, o me desarmaras con la
facilidad del pasado. Calla, esto ha terminado.