No te voy a
hablar de entrañas ni de abismos.
Tampoco de
quebraderos de cabeza ni quebrados de costillas al respirar por ti.
Te diré que
aunque me duele cada vértice de mi cuerpo cuando veo tu culo salir por la
puerta de la habitación, las vistas cuando vuelves a la cama merecen la pena.
Tu cintura recostada me señala el horizonte por las mañanas y yo no
puedo evitar dibujar en tu espalda, con la yema de mis dedos, el lugar donde
quiero
quemar
minutos
contigo.
