jueves, 29 de enero de 2015

Enero

No te voy a hablar de entrañas ni de abismos.

Tampoco de quebraderos de cabeza ni quebrados de costillas al respirar por ti.

Te diré que aunque me duele cada vértice de mi cuerpo cuando veo tu culo salir por la puerta de la habitación, las vistas cuando vuelves a la cama merecen la pena.

Tu cintura recostada me señala el horizonte por las mañanas y yo no puedo evitar dibujar en tu espalda, con la yema de mis dedos, el lugar donde quiero
quemar
minutos
contigo.

A ver quien tiene cojones de negarte un baile de caderas para estrenar el cielo en una fría mañana de Enero.

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